Un nanosensor creado únicamente con segmentos de ADN
Investigadores del IRB Barcelona –con sede en el Parc Cientific de Barcelona– y del Instituto de Química Avanzada de Cataluña (IAC) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) han conseguido desarrollar un nanosensor usando únicamente pequeños segmentos de ADN. El sensor tiene unas medidas de 100 nanòmetres (es mil veces más pequeño que una bacteria) y su uso se limita, de momento, a investigación –dado el elevado coste de la microscopia de fuerza atómica necesaria para leer el resultado del nanosensor– aun así, en un futuro cercano, este nanosensor se podría utilizar en el ámbito clínico, abriendo la posibilidad al diagnóstico molecular.
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Este sensor molecular puede detectar la actividad de la enzima humana hAGT, algo que es de interés para el desarrollo de fármacos anticancerígenos, ya que es una de las dianas de las nuevas terapias contra el cáncer y uno de los marcadores que puede predecir el éxito de un tratamiento. Se trata, también, de un avance notable en el control del ADN como material de partida para obtener dispositivos biomédicos a escala nanométrica.
El trabajo, que se publica en la revista Angewandte Chemie (doi: 10.1002/anie.201301293) ha sido desarrollado por el grupo de Química de Ácidos Nucleicos del IQAC-CSIC, y tiene como investigadora principal a Carmen Fábregas, integrante del mismo grupo pero adscrita al IRB Barcelona.
En la técnica origami de ADN, se parte de una gran cadena de ADN que se va plegando de forma natural gracias a otros pequeños segmentos de ADN (oligonucleótidos) que actúan como si fueran grapas, hasta obtener diseños diversos. De ahí viene precisamente su nombre, tomado del tradicional arte oriental que crea figuras plegando una hoja de papel en distintas formas.
Las estructuras obtenidas pueden usarse como plantillas para colocar proteínas, nanopartículas, enzimas, nanocables o cualquier otra molécula funcional siguiendo un patrón predeterminado. El ADN tiene otras ventajas: su rigidez (a nivel nanométrico), el tamaño extraordinariamente pequeño y una posibilidad de combinaciones casi infinita.
«En nuestro trabajo», explica Ramon Eritja, , «hemos usado ADN viral de cadena sencilla y unos 250 oligonucleótidos «grapa» con los que hemos conseguido doblar el ADN hasta formar una estructura plana, en nuestro caso de forma rectangular», explica Ramón Eritja, que dirige el grupo de Química de Ácidos Nucleicos del IAC.